Especiales
04/03/2010 
Tragedia
Las lecciones de Chile
El impacto de un terremoto no siempre depende de su fuerza explosiva. Los parecidos y diferencias con Haití. Y las causas de una catástrofe que pudo ser peor.
Por Matías Loewy
El 27 de febrero de 1952, Cuando Ernesto “Che” Guevara no era un mito sino
apenas un estudiante de medicina de 23 años que quería recorrer América del Sur
en moto, pasó la primera de las que serían tres noches en la sede de los
bomberos voluntarios de Los Ángeles, una localidad ubicada 500 kilómetros al sur
de Santiago de Chile y 130 kilómetros al sudeste de Concepción. Junto a su amigo
Alberto Granado, Guevara llegó a compartir la rutina del cuartel. Es por eso que
ante los ojos que ordenan el pasado, escribiría luego en sus “Notas de viaje:
diarios de motocicleta”: “No aparece en representación simbólica del pueblo otra
cosa que las furiosas llamas de un incendio”. Exactamente 58 años después, en la
madrugada de otro 27 de febrero, la ciudad donde hoy viven casi 170.000
sobrevivientes devino ante los ojos la representación simbólica de la
desolación.
Como gran parte de la región del Biobío, de la que forma
parte, así como en las del Maule y la metropolitana, Los Ángeles se vio sacudida
por uno de los cinco sismos (en este caso, un maremoto frente a las costas) más
intensos que se registraron en el mundo desde 1900. “Fue horrible: mi casa se
movía como un bote”, confía a News-week Gloria Garcés Parra, una estudiante de
20 años. “Dicen que duró dos minutos, pero a mí me parecieron una eternidad”. Se
desplomaron paredes y tiendas; se agrietaron rutas y avenidas; se resquebrajaron
puentes; estallaron vidrieras y ventanas. Más al oeste, olas gigantes arrasaban
islas y localidades costeras.
También, a partir de ese momento, se
empezaron a esparcir como esquirlas los números del espanto. Hasta el martes 2
de marzo se sabía que había muerto en Los Ángeles una docena de personas, según
informó Carabineros, pero se temía que la cifra aumentara con el correr de las
horas. Las víctimas fatales confirmadas en todo Chile ya casi alcanzaban las
800, pero los desaparecidos seguían siendo cientos, si no miles. Los
damnificados eran más de dos millones. Las pérdidas económicas, estimadas, como
mínimo, en US$ 30.000 millones. Y en las calles había 17.000 militares que
intentaban hacer frente a los saqueos entre los escombros de Concepción y otras
ciudades afectadas. “Esto es peor que una película de Spielberg sobre el fin del
mundo”, destacó un joven de Talcahuano.
Por Matías Loewy * La nota completa, en la
edición impresa de Newsweek.
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